¿Están aprendiendo mis estudiantes?

¿Están aprendiendo debidamente mis alumnos? ¿Qué podría hacer para que aprendieran más? ¡Qué preguntas tan comunes! ¡Y cuántas respuestas posibles! Infinitas.

Aunque haya tantas posibilidades, en esta ocasión voy a recomendar un método para asegurarnos que seguimos el proceso adecuado para que nuestros alumnos adquieran los contenidos que estamos tratando. Se basa en un curso estimulante e interesante que recomiendo a todo el mundo: “Learning how to learn” de Barbara Oakley & Terrence Sejnowski , Universidad de San Diego, un MOOC de Coursera.

Según se explica en el curso, para aprender formamos “chunks” (segmentos), que son redes neuronales unidas por un significado común. En otras palabras, almacenamos informaciones nuevas en nuestro cerebro a través de conexiones, no palabra por palabra. Cuando queremos obtener una de ellas en particular accedemos al “chunk”, que sería como un archivo .zip. Por ejemplo: si quiero explicar qué es la ley de la gravedad, tengo que alcanzar el “chunk” correspondiente para poner el concepto en palabras.

Obviamente, cuando aprendemos una lengua también es básico que creemos y consolidemos sólidos “chunks”. Para hacer que nuestros estudiantes aprendan de una forma adecuada hay que facilitarles el proceso de aprendizaje, es decir, de formación de “chunks”. Vamos a ver cómo se forman.

¿Cómo se forman?

  1. Prestando atención a lo que queremos aprender.
    Se empiezan a formar las conexiones neuronales.
  2. Entendiéndolo.
    Se refuerzan y se relacionan con otras.
    (Se puede aprender algo sin entender, pero de manera débil y sin relación con otros “chunks”).
  3. Practicando. Repitiendo y adaptando el “chunk” a un contexto.
    Es decir, probamos cuándo podemos usarlo y cuándo no, si podemos aplicar lo que hemos aprendido en otros ámbitos, con qué más se puede relacionar.

Este proceso es equiparable al de adquisición de vocabulario basado en: identificación, recuperación y elaboración*. También podría equivaler, en el contexto de una clase, a la estructura de presentación, práctica y producción. En cuanto a el proceso de aprendizaje en sí, es práctico que tengamos en mente estos puntos y adaptemos los contenidos según consideremos que nuestros alumnos estén aprendiendo más o menos debidamente. Ahora veamos cómo podemos aplicarlo en el curso de lengua y qué preguntas nos podemos formular para comprobar si nuestros alumnos están aprendiendo adecuadamente.

Atención
¿Hemos captado suficientemente la atención de los alumnos? ¿Les puede interesar un mínimo el tema que hemos elegido? ¿Hemos considerado sus necesidades e intereses? ¿Hemos introducido el tema de manera motivadora? ¿Lo hemos relacionado con su conocimiento previo? ¿Ven un sentido a lo que estamos trabajando en clase?

Vamos a poner un ejemplo hipotético. Una clase de español donde el profesor diga: “Y ahora hablaremos de problemas de la sociedad”, “vamos a usar el subjuntivo y el indicativo”, etc. Es probable que el alumno piense: “qué rollo”, “¿para qué sirve?”, etc.

Ahora lo podemos comparar con otra clase en la que el profesor empiece haciendo preguntas, enseñando fotos, preguntando cuántos parados hay en España, haciendo que los alumnos usen y se pregunten cómo usar las formas de opinión (“no creo que haya mucho trabajo”), etc. Entonces el alumno se concentrará en lo que está haciendo y pensará: “me estoy divirtiendo”, “no sé cuántos parados hay en España”, “sé cómo dar la opinión en español un poco, pero hay cosas que no sé, quiero aprender”.

Otra pregunta esencial es: ¿Han prestado una mínima atención a la forma?

Imaginad una clase de conversación sin más, sin ninguna atención a la lengua ni corrección de errores. Probablemente los alumnos difícilmente corrijan sus errores. Si queremos que adquieran nuevas estructuras o vocabulario, se les tiene que dedicar atención especial. O pongamos el caso de que queramos que los alumnos mejoren la pronunciación de un fonema en particular. Es fundamental que le presten la atención necesaria, que escuchen el sonido en su contexto.

La comprensión
¿Han hecho un mínimo de esfuerzo cognitivo como para entender lo que estamos tratando en clase? ¿Lo han deducido ellos mismos? ¿Les hemos dado estrategias para comprender mejor? ¿Hemos tenido en cuenta sus diferentes estilos de aprendizaje? ¿He comprobado si lo han entendido? ¿Lo entendemos nosotros mismos tan claramente que lo podemos explicar y hacer entender de manera accesible?

Parece un paso obvio, pero se olvida más frecuentemente de lo que pensamos. En muchas ocasiones el estudiante no ha acabado de entender el uso de una estructura, o una palabra. Sucede, entre muchos otros casos, cuando el estudiante ha repetido muchas veces la misma frase sin acabarla de entender y no puede usarla debidamente en otros contextos, ni adaptarla, ni usar las palabras que la componen correctamente. Por ejemplo:“¿Cómo se llama tu amiga?” “Me llamo es Sonia”. Puede que el estudiante piense que está diciendo “El nombre es Sonia”, o que incluso no sepa muy bien lo que dice, pero es que en clase no le han ayudado a comprenderlo bien.

A veces se practica repitiendo excesivamente y con escaso esfuerzo cognitivo, lo que hace que a veces se usen las palabras de manera automatizada sin haber pasado por un mínimo filtro de pensamiento ni haber sido adaptadas al contexto.

La práctica
¿Hemos repetido lo que queríamos aprender? ¿Se ha aplicado a varios contextos? ¿Han tenido la oportunidad de repasar contenidos vistos hace tiempo?

Nos podemos formular preguntas como estas: ¿saben usar los posesivos cuando hablan de otros temas que no sean la familia?, ¿saben usar “ser” y “estar” tanto en presente como en pasado?, ¿saben adaptar determinadas palabras a un registro más o menos formal?, ¿pueden responder preguntas del dependiente en una tienda espontáneamente?, ¿han vuelto a ver el vocabulario que trabajamos en la segunda clase?

Se trata de conectar los contenidos y adaptarlos a diferentes áreas. Y sobre todo, en contextos auténticos, los alumnos tienen que ser capaces de usar la lengua creativamente y fuera de clase.

Recapitulamos:

– Atención: ¿Están los estudiantes prestando atención? ¿Los he motivado introduciendo el tema? ¿He despertado su curiosidad? ¿Entienden por qué lo estamos haciendo y cómo se relaciona con su conocimiento previo?

– Entender: ¿Han hecho un esfuerzo suficiente para deducirlo y entenderlo? ¿Lo comprenden bien? ¿Estoy seguro/a de esto? ¿Lo he comprobado?

– Practicar: ¿Lo hemos repetido y espaciado debidamente a lo largo del curso? ¿Lo han visto aplicado en otros contextos? ¿Y en uno auténtico? ¿Lo han podido practicar de manera creativa?

 

Curso: https://www.coursera.org/learn/learning-how-to-learn

* Nation, P. (2003) “Materials for Teaching Vocabulary”, en Developing Materials for Language Teaching, Tomlinson, B. (ed.), London: Continuum.

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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