Que las clases fluyan I

Cómo hacer que tanto los estudiantes como los docentes se involucren, motiven y mejoren. El concepto del Fluir.

Hay ciertos acontecimientos, situaciones determinadas que nos toman por sorpresa y hacen mejorar nuestra práctica profesional repentinamente. No es fácil que esto ocurra con frecuencia, puede acontecer a partir de la asistencia a un seminario, de los comentarios después de
una observación, de una conversación con una colega, etc. En mi caso, un hecho que incidió notablemente en mi motivación y desempeño docente fue la lectura de Flow (Fluir) de Csikszentmihalyi. Me ayudó a valorar esos momentos en los que los estudiantes y el docente están inmersos en el proceso de aprendizaje. Es decir, se concentran en “el aquí y ahora”. Me hizo querer encontrarlos durante las clases, las preparaciones, y en la vida misma.

Probablemente muchos ya habréis oído hablar del concepto del Fluir. Voy a sintetizarlo para después dar ejemplos de cómo aplicarlo en la enseñanza de idiomas y que nos permita mejorar tanto nuestra práctica docente como la motivación y actuación de los estudiantes. Flujo es la sensación que se experimenta al realizar una actividad autotélica, es decir aquella que se realiza por el mero fin de realizarla, sin ningún objetivo extrínseco. Un ejemplo sería la sensación de un bailarín inmerso en su baile o de un artista pintando en plena inspiración. En los momentos de Flujo se dan una serie de características. Una de ellas, esencial, es la de perder la conciencia de uno mismo. Estamos tan inmersos en lo que estamos haciendo de que no somos conscientes de nuestro ego. La actividad y nosotros mismos somos uno. Esta máxima concentración nos hace perder el sentido del tiempo. Nos da la sensación de que pasa muy rápido. O incluso, se alarga. Si pensamos por ejemplo, en un escalador en el momento en el que está esforzándose para llegar a la cumbre, cada uno de sus movimientos requiere tanta atención que parece que los segundos se dilaten.

El Fluir es una sensación placentera, positiva que se da en ocasiones en las que estamos inmersos en una tarea. ¿Qué hay que hacer para alcanzar ese estado? Se cumplen varias condiciones en todas las actividades autotélicas. Una de ellas es que estamos concentrados en el próximo paso que vamos a realizar, no en el objetivo final. Además tenemos retroalimentación continuada,  a cada paso sabemos si lo estamos haciendo bien o mal y qué tenemos que cambiar.

¿No suena como el mismo proceso de aprendizaje? Así es como hay que aprender una lengua, sin apresurarnos a querer hablar fluidamente desde el principio, aprendiendo y mejorando a cada paso, haciendo errores y corrigiendo. Si no sabemos si lo hacemos mal o bien, el aprendizaje es complicado, si no hay nada que mejorar, es más difícil que encontremos algo que aprender.

Tampoco puede haber flujo si hacemos algo demasiado fácil. Nos aburriríamos. Ni tampoco demasiado difícil. Lo podemos considerar como una amenaza, o en este punto del proceso de aprendizaje en el que nos encontramos todavía no somos capaces de realizarlo. Este es, un punto fundamental a tener en cuenta a la hora de preparar e impartir clases. En la próxima entrada voy a sugerir estrategias sobre cómo conseguir que las clases fluyan.

 

Csikszentmihalyi, M. et al. (1975) Beyond Boredom and Anxiety. San Francisco – Washington: Jossey-Bass Publishers.

Csikszentmihalyi, M. (2002) Flow. The classic work on how to achieve happiness. Croydon: Ride books.

Foto: Paul Bence. Ogmore by Sea Stepping Stones https://www.flickr.com/photos/paulbence/200868872
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