Que las clases fluyan II

Cómo hacer que tanto los estudiantes como los docentes se involucren, motiven y mejoren. El concepto del Fluir.

En la entrada anterior explicaba el concepto del Fluir, esa sensación placentera de máxima concentración en la que estamos tan inmersos en la actividad que realizamos que perdemos el mundo de vista. A continuación, voy a recomendar algunos trucos para que estudiantes y docentes lo consigan en la clase de ELE.

A lo largo del curso de ELE
Lo esencial para conseguir el Fluir es concentrarse en cada paso para que el siguiente movimiento sea el más eficiente. Es decir, es indispensable ayudar a los estudiantes a que detecten sus puntos débiles, dándoles apoyo para que se centren de manera eficiente en lo que los haría mejorar. Como por ejemplo, un poco de ejercicios “extra” para que corrijan ese error fosilizado, la práctica de un trabalenguas para ese sonido en especial que no acaban de controlar, recomendarles una lectura para que amplíen vocabulario, o que escriban una redacción usando esas estructuras que queremos que dominen. Esos pequeños esfuerzos que pueden hacer dentro o fuera de clase pueden marcar una diferencia esencial y ayudarlos a mejorar notablemente.

Esto lo podemos lograr más satisfactoriamente si hacemos que sean conscientes de su progreso, que sepan en qué punto están, qué han conseguido y cuáles son los siguientes pasos que van a seguir. Es decir, dejar claros los objetivos que se quiere que alcancen, facilitarles la autoevaluación y el establecimiento de sus próximas metas para continuar mejorando.

En clase
Es fundamental tener presente que se puede fomentar el Fluir y lograr la máxima implicación de alumnos y alumnas, teniendo en cuenta sus intereses, hacer que toda la clase se sienta inmersa en la actividad de por sí. Que quieran hablar de un tema porque les interesa, sin más, o porque la pregunta que hemos planteado les crea curiosidad, sin más, o que la tarea en sí misma les parezca divertida.

¿Y cómo conseguirlo? Que haya una finalidad comunicativa. Si el estudiante se ve forzado a usar la lengua fuera de contexto, como sería en un ejercicio de gramática o de repetición de palabras sin relación con objetivo presentado en clase, la motivación será menor. Comparemos dos situaciones: en una la profesora presenta una actividad de gramática descontextualizada, como por ejemplo, completar unos huecos eligiendo infinitivo o subjuntivo; en la otra el mismo ejercicio se realiza después de presentaciones y discusiones, en las que se anima a los estudiantes a expresar deseos. Imaginémonos que un estudiante quiere decir que quiere que su jefa le haga trabajar menos, le explote menos, le trate mejor y le pague más, y quiere decírselo a todo el mundo porque está enfadado, y se da cuenta de que para decirlo correctamente necesita el subjuntivo. Aquí está la cuestión, es importante que los alumnos sientan la necesidad de usar y aprender esta estructura, en una clase comunicativa el mismo ejercicio de huecos, antes mencionado, es un paso más para alcanzar el objetivo comunicativo final, la expresión de deseos. Y para el estudiante en cuestión, decirle a todo el mundo qué quiere que su jefa haga. Hay más información relacionada en la otra entrada del blog ¿Están aprendiendo mis alumnos?.

En cada actividad
A parte de contextualizarla y relacionarla con el objetivo comunicativo, la podemos adaptar para que los alumnos la aborden de la manera más apropiada para ellos. Como se mencionaba en la entrada anterior, para que se dé el Fluir una actividad no debe ser ni demasiado fácil ni demasiado difícil. Si una actividad es demasiado simple de resolver tiende a causar aburrimiento, por el contrario, si es extremadamente complicada, provoca desánimo y nos vemos incapaces de realizarla. En otras palabras, si es necesario, podemos diferenciar las actividades, segmentar una tarea en partes más accesibles para que no sea demasiado inabarcable, o al contrario, extendiéndola con algunas actividades de más o complicándola para que no se haga aburrida.

En nuestra práctica docente
La misma regla de tres. Los resultados de nuestros estudiantes son de utilidad para saber en qué puntos tenemos que hacer hincapié. Frecuentemente ya sabemos qué es lo que nos haría mejorar, aunque a veces nos dé pereza tomar cartas en el asunto. Muchas veces es ese preciso problemilla que tenemos. Si flaquean en la pronunciación, ¿no será que tenemos que trabajarla más?. Si les falta vocabulario, ¿no sería bueno que aprendiéramos más sobre métodos de enseñar vocabulario? Eso que no nos apetece aprender, como por ejemplo, ordenar la pizarra, porque pensamos que no se nos da bien lo visual, o puede ser que estemos evitando dedicar más tiempo a ordenar o secuenciar mejor alguna actividad, o a trabajar mejor en la temporalización para que haya tiempo de práctica libre en clase, o trabajar en la adaptación de actividades para diferenciar. Y quizá nos decimos: “es que no va conmigo” o, “es que no se me da bien”. Cuando en realidad bastaría un pequeño esfuerzo para mejorarlo, que en un principio nos puede parecer un sacrificio, pero cuando lo realizamos vemos cómo mejoramos de manera significativa.

  • A lo largo del curso:

    • Un aprendizaje gradual.

    • Hacer hincapié en los puntos a mejorar paso a paso, tanto de todo el grupo como de cada estudiante.

  • En clase.

    • Adaptarnos a los intereses de los alumnos.

    • Contextualizar la lengua para animar a los estudiantes a expresarse.

  • En cada actividad:

    • Contextualizarla, que sea una parte coherente de toda la unidad.

    • Tener en cuenta el nivel de dificultad.

    • Tener en cuenta las características de los estudiantes y adaptarla cuando sea necesario.

  • En nuestra práctica docente:

    • Centrarnos en mejorar los puntos débiles tanto del alumnado como los nuestros.

    • Generar nuestro propio entusiasmo.

Tener presente que podemos sentir el Fluir enseñando y que somos capaces de ayudar en gran medida a los estudiantes a experimentarlo puede contribuir significativamente a que cambiemos nuestro modo de concebir la docencia. Tener en cuenta lo enriquecedora que es la enseñanza en sí, sin más. Querer disfrutar del proceso de enseñanza y aprendizaje, de enseñar y aprender porque sí, sin ningún otro fin. En los momentos en que disfrutamos plenamente de las cosas, de las personas, en los que no buscamos otro interés escondido. Es entonces cuando podemos transmitir nuestro entusiasmo y contagiarlo a los demás. Por eso es importante entrar en contacto con nuestra pasión. Para aprender y ayudar a aprender. Para fluir y ayudar a fluir.

Csikszentmihalyi, M. et al. (1975) Beyond Boredom and Anxiety. San Francisco – Washington: Jossey-Bass Publishers.

Csikszentmihalyi, M. (2002) Flow. The classic work on how to achieve happiness. Croydon: Ride books.

Foto: Paul Stevenson. Bodies in Motion. https://www.flickr.com/photos/pss/1359407958

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.

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